Punto y final al acoso laboral

18 Marzo, 2017
Punto y final al acoso laboral

Por desgracia, en nuestro país sigue habiendo casos de acoso laboral. Hace apenas unos días, el diario El País publicaba en este artículo el caso de Nélida Pisco, una mujer que fue despedida en 2009 tras ser madre y que, después de ser readmitida un par de años más tarde, sufrió un caso considerado como de “psicoterrorismo” al ser enviada a realizar un trabajo en unas oficinas que se encontraban cerradas de manera permanente, obligándola a realizar su trabajo a la intemperie.

Casos como el de Nélida son, como decía, demasiado comunes en España. Ante eso, es estrictamente necesario obtener la mejor protección posible con el fin de evitar situaciones indeseables. Esa protección, sin lugar a dudas, nos la pueden proporcionar los mejores abogados, que conozcan perfectamente un problema de tal envergadura y que por ende tengan esas habilidades que tan importantes son para conseguir vencer un problema tan socialmente importante como el del acoso laboral.

Uno de mis grandes amigos ha padecido problemas similares al de Nélida. Hace aproximadamente tres años comencé a trabajar para una empresa de seguros como responsable de la contabilidad. Mi horario era como el de muchos trabajadores españoles: entraba a las 9 de la mañana, salía a las 2 y regresaba por la tarde a las 4 para salir a las 8 de la tarde. Estaba contento y feliz porque tenía la posibilidad de compagina la vida laboral con la familiar, un verdadero sueño para muchas personas.

Sin embargo, con el paso del tiempo comenzó a ocurrir una serie de cosas que levantaron todas mis sospechas. Durante varios días consecutivos, mi jefe me proporcionaba todas las facturas y documentos que yo necesitaba para hacer mi trabajo a última hora de la tarde. Como complemento, me comunicaba la obligación de tener perfectamente clasificadas las facturas y actualizadas las cuentas ese mismo día, lo que alargaba mi jornada hasta altas horas de la noche.

Me encontraba en una situación un tanto extraña ya que durante todo el día no tenía obligaciones y hacia el final de mi jornada laboral me encontraba de bruces con un agobio descomunal. El caso se repetía cada día y a ello se terminó sumando insultos y reproches permanentes, cuestiones que minaban brutalmente mi autoestima.

Comprendí entonces que era momento de solicitar ayuda. Era evidente que estaba sufriendo un caso de acoso laboral y para conseguir paliar sus efectos tomé la decisión de contratar los servicios de los mejores profesionales antes de que una depresión se hiciera dueña de mi ser. El gabinete que escogí a tal efecto no fue otro que el de Durán&Durán Abogados, profesionales comprometidos con terminar con problemas sociales como el que a mí me afectaba.

Un problema con solución

Me puse en contacto con aquel gabinete de abogados y les comenté mi caso. Desde el mismo momento en el que me senté en la silla se encargaron de proporcionarme el mejor trato, justo lo que yo necesitaba para hincharme de valor y contar todo aquello que venía padeciendo durante los últimos meses, lo cual no era para nada sencillo.

Fue entonces cuando me tranquilizaron. Yo contaba con personas que podían atestiguar mi versión de los hechos, por lo que desde Durán&Durán Abogados me recomendaron permanecer tranquilo porque según ellos, si denunciaba, era probable que terminara ganando el juicio correspondiente. Sin embargo, no teníamos que permanecer alterados. Deberíamos jugar astutamente nuestras bazas para conseguir sorprender a mi jefe.

Cuando interpusimos la denuncia, él pensaba que no podría demostrar las acusaciones de ninguna manera. Por tanto, se confió. No contó con el factor sorpresa que me habían recomendado tener desde el gabinete y que consistía en desvelar la presencia de pruebas el mismo día del juicio, de tal modo que la defensa de mi jefe se hacía mucho más complicada.

El resultado fue satisfactorio para mis intereses. Conseguí vencer en el juicio y que mi jefe fuera duramente castigado, así como también logré obtener una buena suma de dinero por daños morales. En la actualidad he dejado de sufrir ese acoso y he recuperado la comodidad en el trabajo y recuperando una normalidad que daba por perdida.