De los errores se aprende

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Cuando empecé a emprender y a cometer errores garrafales pensé que no servía para esto, pero no desistí, seguí poniendo todo mi empeño en cada piedra de negocio que levantaba hasta que conseguí hacerme un hueco en ese mundo y empecé a darme cuenta de que esos errores, que yo creía tan graves y obvios, los habíamos tenido todos. Sólo se salvan, y no siempre, aquellos que vienen de la mano de alguien mucho más experimentado que ellos a la hora de emprender.

Por algún extraño motivo, a muchos de los nuevos emprendedores, se les pasa por alto el mismo tipo de cosas, al igual que me pasó a mí en su día, por eso es muy bueno comentar nuestras experiencias con el fin de que aquellos que vienen detrás de nosotros sepan contra qué muros se van a dar e intenten evitar ciertos errores.

No sé si todos lo sabéis pero cuando empecé en este mundo del emprendimiento me empeñé en vender, vía online, la imitación asiática de un juguete que estaba muy de moda en aquel momento y que muchas familias querían comprar pero cuyo original costaba un ojo de la cara. He de añadir que la versión asiática que conseguí era de muy buena calidad, no desmerecía en nada al juguetito de marca, sólo cambiaba un poco el color y el diseño, nada más.

No apiles, vigila tu mercancía y cuenta con ayuda

Empecé vendiendo una hornada pequeña y como vi que funcionaba me lancé a un pedido mayor pero, para ello, quise que llamara más la atención pues, hasta mi almacén, e producto llegaba embolsado sin ningún tipo de gracia. Lo primero que hice fue pedirle a Empacke que me diseñara un buen envoltorio, que llamara la atención y lo consiguieron. Los niños se volvían locos con los colores y como el juguete era mucho más barato que el original estaba consiguiendo beneficios increíbles. Sin embargo, no pensé en un pequeño detalle: si apilas la mercancía en cajas, unas encima de otras, probablemente las que hay más abajo acaben completamente aplastadas a causa del peso de las que permanecen encima.

Ese estúpido error de principiante me costó encargar un nuevo pedido de embalajes y el trabajo de volver a guardar de nuevo, cada juguete, en una caja diferente. Esto me retrasó más de tres semanas y tuve un gasto extra de miles de euros. Eso sí, no me volvió a pasar porque me hice con este tipo de contenedor metálico para el almacén que evita esas cosas y además ayuda en el manejo de la mercancía.

Como veis, cometer errores de principiante es muy sencillo pero, lo bueno, es aprender de ellos.

En otra ocasión compré un stock de vestidos de una marca conocida muy importante y los guardé a la espera de conseguir comprador. Tres meses después, cuando encontré lo que buscaba y abrí las cajas de ropa, encontré cientos de polillas que se habían puesto las botas con la mercancía y no podía hacer nada para solucionar el problema. ¿Mi error? No abrir todas las cajas en cuanto llegaron y aislar del producto. Ese día perdí, 3.500 euros… para mí en aquel entonces: muchísimo dinero.

EL mejor consejo que os puedo dar en este tipo de trabajo de almacén es que contratéis a profesionales, personas con más experiencia que vosotros que os puedan asesorar y ayudar porque si os rodeáis de buenos profesionales y estáis bien asesorados, evitaréis muchos problemas y alcanzaréis el éxito mucho más fácilmente.

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