Cuidar nuestros pies es algo que no solemos hacer. Para tratarse de la parte del cuerpo que nos mantiene en pie y evita que caigamos, le prestamos la atención justa. No es de extrañar que el podólogo nos resulte un extraño desconocido al que no tenemos la intención de visitar. Sin embargo, este profesional de la salud tiene mayor importancia de lo que cree la mayoría, aunque no tengamos por costumbre hacer revisiones de nuestros maltratados pies. La podología es una disciplina tan indispensable como ignorada en el ámbito de la salud.
Sin embargo, acudir a este especialista es toda una experiencia que, a buen seguro, de probar, repites. Ante la pregunta de en qué medida consideramos la importancia que tienen los pies en el bienestar general, la respuesta más habitual es, en poca. No nos paramos a pensar que son la base de nuestro cuerpo, soportan nuestro peso y facilitan nuestra movilidad. La podología es la rama de la medicina que se dedica al estudio y tratamiento de las afecciones del pie. Desde los trastornos más comunes como los callos, hasta de mayor gravedad como el pie diabético.
Visitar al podólogo, consiste en visitar a un experto en el diagnóstico, tratamiento y prevención de una amplia variedad de afecciones que pueden afectar a nuestros pies y, en consecuencia a nuestra calidad de vida. Vamos a aprovechar este artículo para explorar la experiencia de recibir atención podológica, algo esencial para mantenernos en movimiento, contribuyendo de forma muy significativa a nuestra salud en general.
La podología es una disciplina médica que se especializa en el estudio, diagnóstico, tratamiento y, lo más importante, la prevención de las enfermedades y trastornos que afectan a los pies y estructuras con el relacionadas. Desde las uñas a los huesos, estos especialistas, se enfocan en mantener la salud y funcionalidad de esta parte tan vital del cuerpo.
Más que tratar dolencias, mejoran la calidad de vida
Así es, la podología va más allá del tratamiento de un mal. Aborda una amplia variedad de problemas que van desde las lesiones deportivas hasta las enfermedades crónicas, con un objetivo claro: mejorar la calidad de vida de los pacientes mediante el cuidado de sus pies. Con objeto de conocer mejor la función del podólogo, hemos visitado la clínica Rafael Guerra Fisioterapia y Medicina Especializada, donde nos han explicado todo lo que abarca la práctica de un podólogo.
Dentro de sus funciones, se incluye, como ya hemos comentado, el diagnóstico y tratamiento de problemas dermatológicos, ortopédicos y neurológicos que afectan a los pies. Esto va desde el manejo de los callos y hongos que padecen las uñas, hasta la prescripción de plantillas ortopédicas o la realización de cirugías correctivas. Los podólogos están perfectamente capacitados para abordar una amplia variedad de afecciones. Además de proporcionar el asesoramiento y la educación necesarios para que llevemos un cuidado adecuado de nuestros pies, evitando que se produzcan dolencias y problemas en el futuro.
A continuación, hablaremos de algunos de los problemas más comunes, que hacen que visitar al podólogo sea imprescindible. Uno de ellos es el pie plano. Esta condición consiste en que el arco del pie, se encuentra más bajo de lo normal o completamente colapsado. Esto puede provocar molestias, dolor e incluso, dificultad al caminar. Algunas personas nacen con esta condición, aunque es posible que se desarrolle con el paso del tiempo, debido a factores como el sobrepeso, utilizar calzado inapropiado o padecer alguna lesión. Los podólogos recomiendan tratamientos como realizar ejercicios de fortalecimiento o el uso de plantillas ortopédicas, para aliviar el malestar y mejorar la función.
Otra de las condiciones que afectan a los pies y requieren una experiencia podológica en toda regla, son los juanetes. Esta patología son protuberancias óseas, formadas en la articulación del dedo gordo del pie, con la consiguiente deformidad y dolor. Se trata de una condición que puede ser hereditaria o desarrollarse por utilizar calzado ajustado, sufrir un traumatismo o padecer desequilibrios en la biomecánica del pie. Los podólogos ofrecen varias opciones de tratamiento: desde utilizar almohadillas que reducen la presión hasta realizar una cirugía correctiva, en los casos de mayor gravedad.
Los hongos en las uñas u onicomicosis, son una infección fúngica que afecta igualmente a las uñas de los pies y de las manos. Esta infección puede causar decoloración, engrosamiento y fragilidad en las uñas, además de malestar e incluso, vergüenza. Los podólogos pueden diagnosticar la presencia de hongos realizando pruebas específicas y ofrecer el tratamiento adecuado, consistente en medicamentos de uso tópico, oral o procedimientos capaces de eliminar la infección.
Para los callos y las durezas, es decir, cuando un área de la piel se engrosa en respuesta a la presión o fricción reiterada, en zonas como los talones, las plantas de los pies o los dedos, los podólogos recurren a la eliminación total. Estas lesiones pueden provocar dolor y dificultad para moverse, por lo que eliminarlas de forma segura y proporcionar consejos sobre su prevención, es misión de un podólogo.
Cuando se padece fascitis plantar, una inflamación y degeneración del tejido conectivo que sostiene el arco del pie, se produce dolor en el talón y la planta del pie. Sobre todo al levantarse por la mañana o tras un período de inactividad. Esta dolencia puede producirse por utilizar calzado inadecuado, un uso excesivo del mismo o contar con una biomecánica anómala en el pie. Los podólogos aconsejan estiramientos, ondas de choque, radiofrecuencia, ortesis y ejercicios de fortalecimiento específico, con objeto de aliviar el dolor y curar la fascitis.
Aparte de los citados, existen otras afecciones podológicas como las verrugas plantares, el espolón calcáneo, los neuromas de Morton, lesiones deportivas, etc. Ante cualquier molestia en los pies, conviene consultar a un podólogo y obtener un diagnóstico preciso con el consiguiente tratamiento.
Síntomas que indican cuando visitar al podólogo
Resulta indispensable prestar atención a los signos y síntomas que pueden indicar que es necesario recibir atención especializada, por parte de un podólogo. Dentro de la sintomatología se encuentra el dolor persistente en pies y tobillos, la dificultad para caminar o realizar actividades cotidianas, cambios en el aspecto o la forma de los pies, como puede ser la hinchazón, una deformidad, enrojecimiento o decoloración, o lesiones que no curan como es debido.
Además de cualquier cambio que se produzca de forma repentina en la sensación o funcionalidad de los pies, como puede ser el entumecimiento, hormigueo o perdida de sensibilidad. Ante cualquiera de los síntomas citados, es necesario acudir al podólogo para que evalúe la situación. Saber reconocer estos síntomas y buscar la atención profesional lo antes posible, ayuda a prevenir que los problemas se agraven y se tenga una recuperación más rápida y efectiva.
Como en todo lo relacionado con la salud, la prevención y la detección temprana son los pilares de la salud de las personas. En el caso de la salud de nuestros pies, sucede exactamente igual. Adoptar hábitos saludables como el uso de un calzado adecuado, mantener una adecuada higiene de los pies, vigilar el peso y que sea el adecuado y hacer ejercicios de estiramiento y fortalecimiento, ayuda a prevenir una amplia variedad de problemas podológicos. Si a estos hábitos, añadimos una visita con exámenes regulares de esta parte tan esencial del cuerpo, facilitamos la detección temprana de numerosas patologías. Esto es especialmente importante cuando existen factores de riesgo como la diabetes, enfermedades vasculares o antecedentes familiares de problemas de índole podológica.
En resumen, no hay que subestimar la importancia que tiene el cuidado de los pues y, hay que buscar atención profesional en caso de necesidad para mantener la salud y el bienestar general.
Una experiencia podológica, se inicia con una exploración exhaustiva y un diagnóstico preciso del paciente. Esto conlleva realizar una evaluación completa de los síntomas, examinar la estructura y función de los pies y recoger información sobre el historial médico y los factores de riesgo. Los podólogos utilizan una amplia variedad de técnicas y herramientas, como pruebas de imagen, análisis de la marcha y pruebas más concretas de función biomecánica. Con ello identifican de forma precisa la causa subyacente de los problemas del pie y establecen el tratamiento correspondiente, totalmente personalizado.
No obstante, la mayoría de los problemas podológicos, son tratables con efectividad mediante un enfoque conservador, sin necesidad de recurrir a la cirugía. Estos tratamientos pueden incluir terapias físicas, como los citados estiramientos y fortalecimiento, modificación en el calzado, ortesis personalizada como las plantillas o técnicas de terapia manual como los masajes. Los podólogos trabajan con los pacientes para desarrollar el plan de tratamiento capaz de abordar tanto los síntomas como la causa.
En los casos más graves, la experiencia podológica, requiere una cirugía. Con ella se pueden corregir deformidades estructurales como los juanetes o dedos en martillo, o las lesiones traumáticas como fracturas o dislocaciones. Los avances en las técnicas quirúrgicas y la tecnología, hacen que estos procedimientos, resulten menos invasivos y sus tiempos de recuperación sean más cortos.
Aparte de todo esto, existen terapias complementarias que pueden ser recomendadas por el podólogo en función de las necesidades de cada paciente. Como se puede observar, sin duda, visitar al podólogo es toda una experiencia que vale la pena realizar.







