
¡Déjalo todo escrito para el día que te vayas para siempre!
Yo cuando vi el lío que tuvieron mis cuñados y marido tras el fallecimiento de su madre –que los había sacado para adelante sola después de haberse quedado viuda con tan sólo 24 años con cuatro hijos a cargo– y que no había dejado por escrito sus últimas voluntades, pensé que algo similar no quería que ocurriera entre mis hijos.














